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Full text of "Los monigotes : juguete cómico en un acto y en prosa"

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ADMINISTRACIÓN 

LÍRICO-DRAMATIOA 



LOS MONIGOTES 



JUGUETE CÓMICO EN UN ACTO Y EN PROSA 



ORIGINAL DE 



DOMINGO GUERRA Y MOTA 



SEGUNDA EDICIÓN 



MADRID 

CEDACEROS 4, SEGUNDO 
1894 

-5 



ADMINISTRACIÓN 

LÍEICO-DEAMATICA 



LOS MONIGOTES 



JUGUETE CÓMICO EN UN ACTO Y EN PROSA 



ORIGINAL DE 



DOMINGO GUERRA Y MOTA 



Estrenado con buen éxito en el TEATRO DEL DUQUE de Sevilla en la noche 

del 16 de Febrero de 1893 

y en el TEATRO LARA de Madrid en la noche del 14 de Marzo de 1894. 



SEGUNDA EDICIÓN 



SEVILLA 

Imp. de Díaz y Caeballo, Gavidia 5 
1894 



REPARTOS 

TEATRO DEL DUQUE 



Personajes Actores 



ELENA Srta. D. a Irene Alba. 

JUANA Sra. D. a Francisca Ruíz. 

PEPITO Sr. D. Delfín Jerez. 

TEATRO LARA 



Personajes Actores 



ELENA Sra. D. a Rosario Pino. 

JUANA jj jj Luisa Lasher¡ 

PEPITO Sr. D. José Santiago. 



Época actual. 



Las indicaciones del lado del espectador. 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su 
permiso, reimprimirla ni representarla en España y sus pose- 
siones de Ultramar, ni en los países con los cuales haya cele- 
brados ó se celebren en adelante tratados internacionales de 
propiedad literaria. 

El Autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados de la Administración Lírico-Dramática 
de DON EDUARDO HmALGO son los encargados exclusiva- 
mente de conceder ó negar el permiso de representación y del 
cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



A la Srta. D. a Irene Alba, 
S.^ D. A Francisca Ruiz y Sr. D. Delfín Jerez 

o/lioísteis unos monigotes deudosos u una 
citada discretísima, (bt púvfico aplaudió con entu- 
siasmo vuestro talento u, sin metecerto, participé ote 
vuestta aforia. (aceptad esta peaueña muestza de tm 
aazadecimiento. 

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668589 



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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/losmonigotesjugu2515guer 



ACTO ÚNICO 



Habitación bien amueblada. Puerta al foro. Una puerta á la derecha en primer 
término y otra á la izquierda. Velador con periódicos, varios libros, un cesto de 
costura y escribanía en el centro. Á la izquierda, en segundo término, un piano 
y sobre él un espejo. 



ESCENA PRIMERA 

JUANA limpiando los muebles con un plumero. 

Juana. Han dado las diez y todavía están los señoritos en la 
cama. ¡Vaya unos flojos! (pausa.) Después de todo es na- 
tural. Anoche se casaron. ¡Ay, qué ganitas tengo de ca- 
sarme yo también! Pero quiá, mi Curriyo no piensa 
ahora en eso. Debía de hacer conmigo lo que ha hecho 
el señorito con su mujer, robarme, y enseguida vendría 
el cura; pero él dice que eso es para los lilas. ¡Habrá 
tunante! (cantando con música de La Oran Via.) "Y yo soy el 
ama.,, El ama quizás llegue á serlo de verdad en esta 
casa. El señorito es un gilí sietemesino y la señora una 
chicuela sin fundamento ni circunstancias; de modo 
que.... (cantando.) "Pobre chica.., 



ESCENA II 

JUANA y ELENA por la puerta derecha, cerrando después. Vestirá traje de 
casa y el cabello hecho trenza por la espalda. 

Elena. ¡Chist! Calla, Juana, que el señorito queda dormido. 

Juana. Buenos días tenga la señora. 

Elena. Buenos días. 

Juana. ¿Manda algo la señora? 

Elena. No. Arregla lo demás de la casa; luego harás la compra. 

Juana. Cuando la señora guste. (s e va por el foro.) 



ESCENA III 
ELENA 

Elena. Quedó completamente dormido; no me ha sentido levan- 
tar. Yo no debía permanecer más tiempo en el lecho. 
¡Son las diez! Hoy he madrugado. La mujer casada debe 
levantarse tempranito para atender á los cuidados de la 
casa, y yo soy toda una mujer casada. ¡Casada! Me pa- 
rece todavía un sueño. Anoche nos unimos en matrimo- 
nio Pepito y yo. Sí; yo misma, (pausa.) Ya tengo diez y 
seis años cumplidos, y á pesar de esto, ¡¿¡no querer mis 
padres que me casara! ¡Qué inhumanidad! ;Como si á mi 
edad se pudiera estar soltera, queriendo á un hombre 
con toda el alma y no dejándola á una un momento de 
reposo para hablar con él! Qué oposición más tenaz la 
de mis padres. A no haber sido por mi arrojo'en fugarme 
de casa con Pepito, todavía estaría soltera. ¡Horror! 
(pausa y mirando á todos lados.) Ya tengo una casa. Soy la 
dueña de todo. No habrá más voluntad que la mía. ¡Qué 
felicidad! Mas tengo un disgusto. Mis padres no me han 
querido perdonar, pero ya les pasará el enfado. Mientras 
tanto cuento con el cariño de mi marido. ¡Ay! ¡marido! 
No me acostumbro todavía á pronunciar esta palabra. 



— 9 — 

( Pausa.) ¡Qué amable es esa muchacha! mucho. Bien me 
decía Pepito que su madre había de esmerarse en man- 
darnos una chica excelente, (pausa y mirando al espejo.) ¡Ay 
qué pálida estoy! (con coquetería.) Yo que siempre tengo 
tan bueu color. ¿Será quizás este traje el que...? Pero si 
no estoy tan mal. La intranquilidad y zozobra de los días 
anteriores han desfigurado algo mi cara, pero la ventura 
de hoy me devolverá el color, (pausa y mirándose el traje.) 
Este traje le gusta mucho á Pepito, (con mucho mimo.) 
Sí que le gusta.... ¡Vaya! Por lo menos él me lo ha ase- 
gurado de un modo.... ¡Qué dormilón! ¡No levantarse to- 
davía siendo el primer día de nuestro casamiento! (Algo 
enojada.) No; pues esto no debo yo tolerarlo.... Lo llama- 
re, (corre hacia la primera puerta de la derecha y se detiene al llegar.) 
Me da pena despertarle, (vacilando.) No; pero si yo le 
quiero ver.... ¡Ah, qué idea! Sí; tocaré en el piano el wals 
que tanto le gusta y que escuchaba desde la calle cuando 
eramos novios, (se sienta al piano y empieza á ejecutar un wals.) 



ESCENA IV 

ELENA y PEPITO por la puerta de la derecha. Se detiene un instante 
oyendo. 

Pepito. (Desde la puerta.) ¡Mi wals favorito! Hoy puedo escucharlo 
con tranquilidad. ¡Ay, qué remonísima es mi mujer! 

rí/LENA. (Mira al espejo y al ver á Pepito deja el piano y corre hacia él.) ¡Ah, 
Pepe mío! 

Pepito, (saliendo y corriendo hacia Elena.) ¡Elena de mi corazón! (se 

abrazan. ) 

Elena. Muy buenos días, maridito. 

Pepito. Muy buenos. ¿Sabes, Elena, que acabo de tener una 

fuerte pesadilla? 
Elena. ¿Sí, Pepito? 
Pepito. ¡Atroz, horrible! y que me ha hecho sufrir mucho, 

mucho. 
Elena, (con mucho interés.) ¿Qué has soñado? 

2 



- 10 - 

Pepito. Tú conoces el afecto que me profesa tu papá, por las 
demostraciones que siempre ha tenido conmigo. 

Elena, (con mimo.) No te acuerdes más de esas cosas; ya pasó 
todo. 

Pepito. Es verdad; pero be soñado que todavía éramos novios; 
que yo estaba en tu calle esperando que me dieras una 
carta; que vino tu querido papá y que me dio un punta- 
leé en el sitio donde siempre los be recibido, y ba sido 
tal la realidad del sueño, que aún me siento el dolor. 

(.Llevándose las manos hacia atrás.) 

Elena. ¡Pobre Pepito! ¡Cuánto bas sufrido por mí! 

Pepito. He sufrido mucho, mucho con el bruto de tu querido papá. 

Elena, (con zalamería.) Pero ya soy tu mujércita, ¿verdad? 

Pepito. Sí, sí; después de haberme llevado un día enterito en la 
cárcel. 

Elena. Un día que yo me pasé llorando por tí. 

Pepito. Si tú no hubieras tenido el valor suficiente para decir 
que te habías fugado por tu voluntad, todavía estaría 
allí metido entre los criminales. Y todo por quererte 
tanto. 

Elena. Tienes razón; pero bien sabes lo que yo te quiero. Ape- 
sar de que mis padres se oponían á nuestras relaciones, 
porque decían que éramos unos monigotes; yo, sin hacer 
caso, he llegado hasta el estremo de abandonarlos; con 
que ya ves. 

Pepito. Ya lo he visto, y por eso hoy lo olvido todo, hasta los 
jarros de agua fría que en invierno recibía desde el bal- 
cón por manos de tu mamá, y que me produjeron muy 
buenos constipados. Hoy soy completamente feliz. ¿Y tú? 

Elena. Muchísimo. 

Pepito. Mis papas, aunque se han enfadado, porque dicen que to- 
davía somos muy niños para el casamiento y porque 
éste me ha de distraer del estudio de la carrera del De- 
recho que he empezado, nos han puesto este piso, y nos 
han señalado un duro para el plato. ¡Un duro! ¡Nada 
menos que un duro diurio! El de boy, ya me lo dieron 
anoche, y así me los irán dando sucesivamente. De modo 
que 



- 11 — 

Elena. ¿Qué más podemos desear? ¡Somos liasta ricos! Y pode- 
mos ahorrar. 

Pepito. Mira. Elenita, tómalo, puesto que tú eres la dueña en la 
casa y dispondrás lo que gustes. (La dáun duro.) 

Elena. ¡Un duro! ¿Para qué tanto dinero? Con la mitad tendría- 
mos bastante. 

Pepito. Mejor. Así nos daremos una vida de príncipes y no ha- 
brá que andar con economías. Después de todo, ahora 
tenemos que hacer muchos gastos. 

Elena. Verdad. 

Pepito. Tenemos que ofrecer la casa. 

Elena. Y anunciar á tus amigos el casamiento y á mis amigas 
también pava qus rabien de envidia. 

Pepito. Voy ahora mismo á redactar la tarjeta que se ha de ha- 
cer, (se acerca al velador y figura que escribe.) 

Elena. Bueno. Que no se te olvide ponerla una á la tonta de 
Inesita López, que siempre me estaba diciendo que no 
me casaría nunca. ¡Nunca! Ella sí que no se casará, 
porque es ¡más íea! y ¡más flacucha!... ¡Ah! mándale otra 
también á la antipática Eosarito Pérez, que me asegura- 
ba en el colegio que haría mejor casamiento que yo, y 
tiene relaciones con un hombre que puede ser su abuelo. 

Pepito. Ya está. (Leyendo.) "Elena Zapatín y Pepito Praile, par- 
ticipan á usted su efectuado enlace y...... 

Elena. ¿Qué enlace?Eso es muy cursi. Su efectuado matrimonio. 

Pepito. Bueno. (Escribiendo.) "Matrimonio,, (Leyendo.) y ofrecen su 
casa, calle de Carretas, número seis. ¡En! ¿Qué tal? 

Elena. Muy bien, muy bien. Y además, yo me quiero hacer 
unas tarjetas de visita, como señora casada. 

Pepito. (Escribiendo.) "Elena Zapatín de Fraile.,, Sabes que con- 
cuerdan de un modo muy caprichoso los apellidos. 
¡Zapatín de Fraile! 

Elena. Y qué se le va á hacer. Coloca antes del tuyo el segundo 
mío. 

Pepito. (Escribiendo.) "Elena Zapatín Colorado de Fraile.,, (Dejando 
la pluma.) Ahora resulta más raro todavía. Mira, supri- 
mamos el color. 

Elena. Bueno; lo que quieras. 



— 12 — 

Pepito. Pues ya está. (Levantándose.) Esta noche la dejaremos en 
la imprenta. 

Elena, (con mucha alegría.) ¡Ay, Pepe mío! me parece meütira tan- 
ta felicidad! 

Pepito. (Abrazándola.) Y a mí, á mí también mo parece mentira 
que te tenga en mis brazos. 



ESCENA V 
DICHOS y JUANA por el foro. 

Juana. (Desde la puerta.) ¡Señorita! 

rEPITO. (separándose de Elena asustado.) ¡Ay. 

Elena. (Aparte á Pepito.) Si es la muchacha. 

rEPITO. (Aparte á Elena y llevándose las manos hacia atrás.) Creí que era 
tu papá. 

Elena. (Aparte á Pepito.) No tengas miedo. ( Alto á juana.) ¿Qué quie- 
res, Juana? 

Juana. (Entrando.) Como se hacía tarde, vengo por si la señora 
quiere que se traiga alguna cosa. 

Elena. Está bien; espera. (Aparte á Pepito.) ¿Te Parece, Pepito, 
que se haga la compra? 

Pepito. (Aparte á Elena.) En eso tú sólita dispones. 

Elena, Escucha Juana, acércate, (se sienta junto ai velador y Juana se 
acerca á su lado, de pié.) 

Pepito. ¡Vaya una mujer dispuesta y remonona! 

Elena, (con mucho mimo.) No me digas esas cosas, Pepe mío. 

Pepito. Mira, mientras tu mandas traer lo que quieras, voy á 
leer los periódicos. (Toma un periódico y se sienta al lado del ve- 
lador figurando que lee.) 

ELENA. (Aparte.) ¿Y qué mando yo traer? (pensando un instante.) Se- 
gún dice mi mamá, el primer renglóu de una casa es el 
aceite, de modo que primero traeré aceite. (Alto.) Juana.... 
te traes una libra de aceite. 

Pepito. (Leyendo.) ¡Para las ánimas! se.... 

Elena, (interrumpiéndole.) No, Pepito, para las ánimas no, para 
freir los huevos. 



— 13 - 

Pepito. ¿El qué? 

Elena. El aceite. 

Pepito. Bueno, mujer. 

Elena. Es que como decías ¡para las ánimas! 

Pepito. Estaba leyendo y así se titula una comedia que se ha 
estrenado, (sigue figurando que lee.) 

Elena. ¡Ah, ya! ( Aparte.) ¿Y después, después que más, Dios 
mío, qué más? Otra cosa también que sea de las prime- 
ras, (pensando un instante.) ¡Ah! ¡El chocolate! que es lo pri- 
mero que se toma por las mañanas. (Alto.) Pepito, ¿te 
gusta el chocolate? 

Pepito. (Distraído.) Mucho, mucho. 

Elena. (Aparte.) Pues traeré mucho chocolate. (p ep ito en este momen- 
to suelta el diario que tiene y eoje otro.) (Alto á Juana.) J- ráete ade- 
más dos libras de chocolate para.... 

Pepito. (Leyendo.) El Loro, perió.... 

Elena, (interrumpiéndole enojada.) ¡Para nosotros, Pepito! 

Pepito. ¿Qué mujer? 

Elena. El chocolate. 

Pepito. Sí, Elena, sí. 

Elena. Como dijiste para el loro.... 

Pepito. No; es el nombre del periódico. 

Elena. ¡Ah! (Ap.) Y ahora ¿qué más? (aiío.) Mira, Juana, trae 
lo que te he dicho y luego irás por lo demás. Toma, 
toma un duro. (Le da un duro.) 

Juana. Está bien, señorita. (s e va por el foro.) 



ESCENA VI 
ELENA y PEPITO 

Pepito. Oye, Elena, oye lo que dice este periódico. (Leyendo.) 
„En la semana pasada, dos jóvenes enamorados, ella de 
„diez y seis año3 de edad y él de diez y siete, se fugaron 
„de sus respectivos domicilios. Puesto el hecho en co- 
nocimiento de la autoridad, la policía dio con ellos en 
„el nido, conduciendo á la tórtola inocente á la casa de 



_ 14 — 

„sus padres y al tierno tortolillo á la cárcel nacional.,, 
Elena. Eso es por nosotros, Pepito. 
Pepito. No cabe duda alguna. ¿Con que tierno tortolillo, eh? 

(Levantándose muy enfadado y tirando el diario.) J-0 les probare 

á estos periodistas que soy todo un hombre y más duro 

que un roble. Vo} 7 á desafiar al director del periódico. 
Elena. No, Pepito, no. 
Pepito. Vaya si le desafio. ¡Llamarme tierno tortolillo! Lo mato, 

Elena, lo mato, (se pasea de un lado á otro precipitadamente.) 
Elena, (Muy apurada.) ¡Pepe, por Dios, que me puedo quedar 

viuda! 
Pepito, (serenándose.) Es verdad; pero yo le haré ver que ha 

obrado muy de ligero al darme ese calificativo. 
Elena. Bueno, cálmate, note incomodes. Ven, vamos á pensar 

los dos lo que se trae para comer. 
Pepito. (Tranquilo.) ¿Pero no has mandado ya á la muchacha? 
Elena. Sí; por algunas cosas, pero falca mucho todavía. Site 

parece formaremos una lista para que nada se olvide. 

Veras, (ge sienta junto al velador y figura que va escribiendo.) — 

"Una hogaza de pan." Media libra de carne." "Media 

de pescado".... 
Pepito. Un pollo, Elenita, apúntalo. 
Elena. "Media docena de huevos." "Café, azúcar y manteca, una 

cuarta de cada cosa".... 
Pepito. Una botella de vino de Valdepeñas. 
Elena. Dos libras de jamón.... 
Pepito. ¿Jamón? 
Elena. Sí; quiero que comas mucho jamón para que engrueses y 

vea todo el mundo que te cuida tu mujer. 
Pepito. Bueno, bueno. 

Elena. Arroz, garbanzos y especias diversas. 
Pepito. Dos perdices, porque para dos perdices, dos. ¡Ah! y na- 
tillas, que á mí me gustan mucho. 
Elena. Se traerán de la confitería porque yo no las sé hacer. 

(Escribiendo.) "Una libra de jabón para fregar." 
Pepito. Cirolillas en dulce que no falten. 
Elena. Ya está; y seis libras de carbón. 
Pepito. Para lacena, queso de bola. 



— 15 — 

Elena. Un queso de bola. 

Pepito. (Frotándose las manos con alegría.) Vamos á comer perfecta- 
mente. 

Elena. Puede ser que se haya olvidado algo, pero ya se traerá 
cuando nos acordemos, (sa levanta.) 

Pepito. Me parece, me parece que quizás no alcance con el duro 
para todo. 

Elena. ¡Pues no ha de alcanzar! ¡Son veinte reales, Pepito! So- 
brará de fijo. 

Pepito. Con eso iremos esta noche al teatro. 

Elena. Ya se vé que sí. Cuando venga Juana le preguntaré lo 
que se importa, y ya verás. 

Pepito. Elena, ¡cuánto te quiero y qué dispuesta eres! 

Elena. Bueno; pues por lo mismo que me quieres debes procu- 
rar acabar la carrera, para que vea tu papá que no pier- 
des el tiempo á mi lado. 

Pepito. Ya lo creo que lo verá. 

Elena. Pues ahora á estudiar un rato mientras vuelve Juana y 
se prepara el almuerzo. Yo haré labor. 

Pepito. Eso es. (coge un libro.) Pero antes dame un abrazo. 
(La abraza y se sienta. J 

C/LENA. ijien. (g e sienta y coge el cesto de costura.) 

PEPITO. (Levantándose.) Dame otro abrazo. 

ELENA. (Dejándose abrazar.) Nada más. 

Pepito. El último. 

Elena. ¡Se acabó! A estudiar. 

xEPITO. (pepito se retira, y sentándose abre el libro y lee.) Ea mujer en- 

„tre los romanos estaba considerada como una cosa.,, 
Elena. ¿Como una cosa? 

Pepito. Sí; como un caballo, por ejemplo, ó una yegua. 
Elena. ¡Qné brutos eran los romanos! 
Pepito. Un poco. 

Elena. ¿Tú no serás nunca romano, verdad? 
Pepito. Yo no. 
Elena. (Ap.) ¡Ea! Ahora tengo yo ganas de darle un abrazo. 

(Con mucho mimo.) 
Pepito. (Leyendo.) "El pater familias que era propietario de sus 

„hijos lo mismo que de sus esclavos, tenía sobre sus per- 



— 16 — 

„ semas el derecho de vida y muerte.,, (Ap.) ¡Qué bár- 
baros! 
Elena. (Ap. con disgusto.) Ahora qae yo quiero no quiere él. Ya 

verá usted como no quiere. 
Pepito. (Leyendo.) "Podía el padre vender á los hijos." 
Elena. (Ap.) Pero ¿por qué no he de dárselo yo? ¿No es mi ma- 
rido? (Llamándole.) ¡Pepito!.... 

Pepito. ¿Qué? 

Elena. Cójeme ese ovillo que se ha caído. 

rEPITO. (se levanta, coje el ovillo y se lo entrega, volviéndose á su sitio.) L°" 
malo. 

ELENA. (Aparte con pena.) Y se va. (Alto.) ¡Pepito! 

Pepito. ¿Qué quieres? 

Elena. Prepárame esta aguja. 

PEPITO. (Se acerca, prepárala aguja, y se la entrega, después se sienta y figura 
que estudia.) -*a esta. 

ELENA. (Aparte con mucha pena.) Y HO me lo dá. (Alto y apurada.) ¡Pe- 
pito! 

Pepito. ¿Qué te pasa? 

Elena. (Muy compungida.) ¡Que me he dado un pinchazo con la 
aguja! 

PEPITO, (corriendo hacia Elena y abrazándola.) ¡Pobrecita! ¿Te has he- 
cho mucho daño? (Mirándola el dedo.) ¡Pero si no tienes 
nada, (se vuelve á su sitio.) 

Elena. (Aparte con alegría.) ¡Ah! me lo dio. (con pena.) Pero uno sólo 

nada más. (aiío.) ¡Pepito! 
Pepito. ¿Qué te ocurre, mujer? 
Elena, (con mucho mimo.) Que quiero que me des otro abrazo y 

me dá mucha vergüenza decírtelo. 
Pepito, (corriendo hacia ella y abrazándola.) Pero si yo no deseo otra 

cosa, (suena dentro una campanilla.) 
ELENA. Llaman. Ya estará ahí Juana, (sale Elena por el foro y entra 
apoco.) 



— 17 — 

ESCENA VII 

DICHOS y JUANA por el foro. 

Pepito. A mi ms gustan mucho las pajaritos fritos; me muero 
por ellos: le diré á Elena que los traiga. 

ELENA. (Entrando por el foro.) Ya está aquí Juana. 

Juana. (Entrando.) Ahí fuera quedó el aceite y aquí está el choco- 
late, (coloca sobre el velador un paquete que traerá en la mano.) 

Pepito. Elena, apunta una docena de pajaritos. (p ep ito cojeun dia- 
rio, y haciendo una monterilla de papel juega con ella.) 

Elena. (Figura escribir.) Ya está. Oye, Juana, tú sabes lo que vale 
todo, ¿verdad? 

Juana. Sí, señora; aproximadamente.... 

Elena. Bueno; pues dirne lo que podrá costar todo lo que está 
aquí apuntado. (Le da un papel.) (Aparte á Pepito.) Verás, ve- 
rás como sobra. 

JUANA. (Después de algunos instantes de mirar al papel.) "ues unos cua- 
tro duros y medio. 

Elena. (Asustada.) ¡Qué atrocidad! Tú te has equivocado, Juana. 

Juana. No, señorita; eao es lo que vale. 

Elena. ¡Jesús, y qué caro está todo! 

Pepito. Suprimiremos unas cuantas cosas que no son muy nece- 
sarias. 

Elena. (Disgustada.) No quisiera suprimir nada, pero quita 
(á Juana.) el jamón, el pollo, las natillas, las perdices, el 
queso y los pajaritos. ¿Cuánto viene á importar lo que 
resta? 

Pepito. Eso es todo lo que yo he dicho. 

Juana. (Después de un instante.) Ahora unos veinte reales. 

Elena. Bueno; pues eso es lo que tienes que comprar. 

Juana. Está bien, señorita. 

(pausa durante la cual Elena figura hablar muy alegre cou Pepito y 
luego vuelve la cara y mira á Juana que está esperando. ) 

Elena, (á juana.) ¿Qué estás esperando? 
Juana. ¿Qué he de esperar? El dinero. 

3 



— 18 — 

Elena, (con estrañeza.) ¿El dinero? ¿No te lo he dado antes? 

Juana. Un duro que ya se ha gastado. 

ELENA, (sobresaltada.) ¿En qué? 

Juana. Pues ¡toma!, en dos libras de chocolate á ocho reales 

cada una, diez y seis.... y una libra de aceite, tres, diez 

y nueve. Ha sobrado un real. 
Elena. ¡Ave María Purísima! (Muy acongojada.) ¡Pepito! 

rEPITO. (contemplando á Elena un instante muy apurado.) J-& 10 he Oído. 
Elena. ¡Que se ha gastado ya el duro en el aceite y chocolate! 

¡Ay, Dios mío de mi alma! ¿Qué vamos á comer? 
Pepito. ¡Adiós, pollo; adiós, natillas; adiós, pajaritos! ¿Qué va á 

ser de nosotros? ¡Ni pan siquiera! (Quedan Elena y Pepito un 

momento ensimismados.) 
Juana. (Ap.) No tenían más que el duro. ¡Pobrecillos! Me da 

pena Verlos. (Alto. ) Señoritos, no hay que apurarse, yo 

tengo dinero. 
xbp. tLíl. (con alegría y simultáneamente.) ¿J- u - 
Juana. Sí; de mis ahorros tengo unos cinco duros. Yo traeré lo 

que falta y luego ustedes me lo pagarán, 
x EPITO . (corre hacia Juana y la abraza con alegría.) ¡ Ay . (jrrací as, gra- 
cias, Juana, tú nos salvas. 
Juana. ¡Señorito! ¿Qué hace usted? 
Elena. (Enfadada.) ¡Pepito! ¡Qué escándalo! ¡Abrazar á la criada 



en mi presencia 



Pepito. Mujer, si.... 

Elena. ¡El primer día de nuestro casamiento! ¡Esto es inicuo! 

Juana. Señorita, mire usted que el señorito no ha tenido in- 
tención.... 

Elena. ¿Tule disculpas? Está bien. Márchate al momento de 
mi casa. 

Pepito. Pero Elena, repara.... 

Elena. Nada, lo dicho; que se vaya ahora mismo, pero ahora 
mismo. 

Juana. Ya me voy. No hay que alterarse por eso; esté usted 
tranquila. ¡Ea, ahur! ( Mutis por el foro. ) 



— lí> — 

ESCENA VIII 

ELENA y PEPITO. 

r EPITO. (Muy enfadado y paseándose precipitadamente de un lado á otro-) -L u 
tienes la culpa de que se haya marchado esa muchacha. 

ELENA. (Paseándose en sentido contrario y muy enfadada.) Ei& tienes tu 

por atrevido y desvergonzado. 
Pepito. Procura no faltarme, que soy tu marido. 
Elena. Bastante que me pesa. 
Pepito. A quien le pesa es á mí. 
Elena. Yo me he casado engañada. 
Pepito. El engañado he sido yo. 
Elena. ¿Para esto me propusiste la fuga? 
Pepito. Te la propuse porque me dijiste que no podías vivir con 

tu familia. 
Elena. Mucho mejor que contigo. 
Pepito. No decías lo mismo en tus cartitas. 
Elena. Porque siempre has sido un hipócrita. 
PEPITO. (Deteniéndose frente á Elena con ira.) ¡Elena!... 

Elena, (lo mismo.) ¡Pepito!... 

Pepito, (volviendo á pasear ligero.) Yo sabré lo que he de hacer. 

Elena, (lo mismo.) Quien lo sabe soy yo. Hoy mismo me marcho 

con mi papá. 
Pepito. Si yo lo consiento. 

Elena. Aun cuando usted no lo consienta; me basto yo sola. 
Pepito. Eso lo veremos. 
Elena. Ya lo verá usted. 

Pepito. Te advierto que estás bajo mi autoridad, 
Elena. Me tiene sin cuidado. 

Pepito. (Deteniéndose con ira.) Ya le tendrá á usted con él. 
Elena. (Frente á Pepito y con ira.) No me tendrá. 
Pepito. Sí le tendrá. 
Elena. No me tendrá. 

Pepito, (volviendo á pasear.) ¡Pues no faltaba más! 
Elena, (lo mismo.) ¿Usted se figura que va á dominarme á su 

capricho? Pues se equivoca. 



— 20 - 

Pepito. ¿Usted se cree que va á doblegarme á su voluntad? Pues 
está usted en uu error. 

Elena. Bien me decían mis ¡Dadres, que era usted un monigote 
que me haría desgraciada. 

Pepito. Bien me aseguraba mi mamá que no tendría usted dis- 
posición ninguna. 

Elena. Mucha más de la que usted se merece. 

Pepito. (Deteniéndose.) [Despilfarradora! 

Elena, (lo mismo.) ¡Calavera! 

Pepito. Guárdese usted de insultarme. 

Elena. No lo tengo por conveniente. ¡Pillo! 

PEPITO . (con mucho imperio y alzando la voz.) ¡Que soy el j efe! 

ELENA. (Alzando la voz.) No me importa. 

Pepito. Y te mando callar. 

Elena. Eso es lo que tú quisieras, pero no me callo, (o-ritando m ás 
fuerte.) Se enterará todo el mundo de que eres un tuno 
que me 6ngafias. 

Pepito, (con mucha ira.) ¡Elena! 

Elena, (lo mismo.) ¡Pepito! 

Pepito. La encerraré á usted si no se calla. 

Elena. ¿A mí, libertino? 

Pepito. A usted, deslenguada. 

ELENA, (colocándose detrás del velador y provocándole.) Atrévase Usted. 

Pepito. (Acercándose.) Vaya si me atrevo. 

ELENA. ¿Sí? Pues (tira el velador) toma, toma, (pepito se detiene,) 



ESCENA IX 
DICHOS y JUANA, por el foro, preparada para la calle. 

(Los tres á la vez y con voz fuerte.) 

Pepito. Elena, no me precipites. Te repito que debes obedecer- 
me porque soy tu marido, porque soy el jefe, y quiero 
que te calles y no escandalices. Mira que, de lo contra- 
rio, haré que te calles por la fuerza. ¡Infame! 

Elena. (Hablando ai mismo tiempo que Pepito.) ¡Cobarde! ¡cobarde! Si 
eres un cobarde y un tuno que me engañas. Yo me tengo 



— 21 — 

la culpa por haberme fiado de un hombre como tú, pero 
no me dominarás aunque quieras. ¡Inicuo! 
JUANA. (Colocada entre los dos y al mismo tiempo.) Pero señoritos, se- 
ñoritos, ¡por Dios! Haya calma, que hoy es el primer día 
del casamiento. ¿Qué dirán los vecinos de esta algazara? 
Tengan ustedes prudencia los dos. (ai terminar se van preci- 
pitadamente Elena y Pepito, uno por la derecha y otro por la izquierda, 
cerrando con violencia las puertas por donde entran y tirando en su ca- 
rrera algunos muebles. Juana los recoge.) Vaya que para ser ex 
primer día de casados no está del todo mal. ¡Bonito 
modo de empezar la luna de miel! Yo me voy. Allá se las 
entiendan ellos. (Mutis por el foro.) 



ESCENA X 
ELENA y PEPITO 

¿LLENA. (Asomando con cuidado la cabeza por la puerta y cerrando enseguida al 
ver á Pepito en la puerta de enfrente.) jAu! 

i EPITO. (Asomándose al mismo tiempo y cerrando precipitadamente.) ¡An! 

(Pausa muy corta. Elena sale con un cofre muy pequeñito en la mano, 
y se sienta en una silla casi de espaldas á la puerta contraria. Pepito sale 
con otro cofrecito y hace lo mismo. Se miran dos ó tres veces y vuelven 
á otro lado las caras con gestos de enfado.) 

Elena. ( Ap. ) Estoy resuelta; me separo de él para siempre. Le 
devolveré todas SUS cartas. (Abre el cofre y saca un papel que 
figura leer.) 

Pepito. (Ap.) ¡Tratar de dominarme! ¡Jamás! Primero la dejo 
marchar con sus padres. Aquí tengo todos sus recuer- 
dos. (Abre el cofrecito y saca una carta que figura leer.) 

Elena. (Ap.) ¡Qué tiempo tan feliz el pasado! ¡Cómo me quería 
el infame! ¡Qué cartas tan cariñosas! (Guarda la que tenia en 
la mano y saca otra. ) 

Pepito. ¡Quién había de figurarse que su cariño era mentira! 

Elena. (Ap.) Todas empiezan lo mismo. (Leyendo.) "Mi queridí- 
sima Elenita de mi alma, de mi corazón, de mi vida y 
„de mi sangre.,, 



_ 22 - 

Pepito. (Leyendo.) "Mi queridísimo Pepito de mi sangre, de mi 
„vida, de mi corazón y de mi alma.,, 

Elena, (xp. leyendo.) "Seré tu esclavo toda mi vida.,, 

Pepito. (Ap. leyendo.) "Te obedeceré hasta la muerte.,, 

Elena, (ap. leyendo.) "Sin tí me muero, mi gloria.,. 

Pepito, (ap. leyendo.) "No puedo vivir sin tí, mi cielo.,, 

Elena. ¡Embustero! 

Pepito. ¡Mentirosa! 

Elena, (ap. sacando un retrato.) ¡Su retrato! Vaya una carita de 
simplón que puso al retratarse. Claro; para engañarme. 

Pepito, (ap. sacando un retrato.) ¡Aquí está su imagen! ¡Qué humil- 
dad tiene la mosquita muerta! Por eso llegué á quererla. 

ELENA. (a P .) ¿Qué habrá en este papelito? (saca del cofre un papel pe- 
queño.) ¡Una punta de cigarro! Vaya una porquería. ¡Y 
yo la guardaba como una reliquia! (lo tira.) 

PEPITO. (Ap. sacando un cartucho de papel del cofre.) ¿Qué contendrá este 
cartucho? A ver: un rizo, dos rizos; todo su cabello que 
yo recogí de la basura un día que se lo cortaron porque 
había tenido virulillas locas. La verdad es que estuvo 
horrorosa; parecía un monago. 

ELENA. (Ap. sacando el puño de un bastón.) El puño del bastón que mi 
papá le rompió en las costillas, (con enfado.) Bien hecho. 

Pepito. (Ap. ) Una varilla del abanico con que su mamá le pegó 
una noche en el teatro porque me hacía señas. 

ELENA. (Ap. cerrando el cofreJ No quiero ver nada más. (s e levanta, y 
corriendo hacia Pepito le coloca el cofre con fuerza sobre las rodillas, 
volviendo á su sitio.) Tome usted. ¡Perjuro! 

PEPITO . (Se levanta, y corriendo hacia Elena, la pone sobre la falda el otro cofre 
con coraje y vuelve á su sitio.) Ahí va todo lo suyo. ¡Ingrata! 

Elena. ¡Qué desgraciada soy! (morando.) Ji-- ji—. 

Pepito. (Ap.) Lloras, pero no me ablandas. Yo debo tener ente- 
reza. 

Elena, (sin volverla cara.) ¡Es usted muy malo! ¡muy malo! ¡Hacer 
desgraciada á su mujer! 

Pepito. Tú eres la que me haces á mí. 

Elena. Cuando éramos eovíos me asegurabas que seríamos 
muy felices, y mira, mira la prueba. 

Pepito. Tú tienes la culpa. 



— 23 — 

ELENA. Yo no. (Llorando.) Ji.». j¡—. 

Pepito. Tú, que nos dejas hoy sin comer. 

Elena, (compungida.) Siempre me has dicho: "Contigo pan y ce- 
bolla.,, 

Pepito. Sí; pero nunca te he dicho: "Contigo aceite y chocolate.,, 
(Ligera pausa durante la cual se mirau de reojo y vuelven las caras á 
otro lado.) 

Elena, (volviéndose hacia Pepito.) Ya no te acuerdas de la epístola 
de San Pablo: "Mujer te doy y no sierva.,, 

Pepito, (volviéndose hacia Elena.) También dice la Epístola que la 
mujer debe obediencia y sumisión á su marido 

Elena. Hasta cierto punto nada más. 

Pepito. Siempre que el marido tenga razón en lo que le diga. 

Elena. Pero tú no la tienes, y aunque la tuvieras, dice San Pa- 
blo que el marido en ocasiones cederá de su derecho 
para conservar la paz matrimonial. 

Pepito. Pero todavía no han llegado esas ocasiones. 

Elena, (compungida.) Pues si no han llegado, yo me quiero ir con 
mis padres. (Llorando.) Ji--- ]*■»■ 

Pepito. (Ap.) No puedo oiría llorar; se me parte el corazón. 
(Se levanta y se acerca á Elena con dulzura.) Elena, Üilenita, ¿me 
perdonas? 

Elena. (Enfadada.) No; de niügún modo; ¡Soy muy desgraciada! 

(Llorando.) Jl.... jí—. 

Pepito. Pero mujer, mira que no es tan grave mi falta; que si le 
di el abrazo fué por agradecimiento nada más. 

Elena. (Tranquilizándose.) Con darle las gracias hubiera sido bas- 
tante. 

Pepito, (suplicando.) ¡Vamos, Elena, perdóname! 

Elena, (con enojo y mimo.) Que no qniero. 

Pepito, (se arrodilla y con mucho cariño.) Elenita, mírame de rodillas. 

Elena. (Fingiendo enojo y con mucho mimo.) Que no quiero y que no 
quiero.... 

Pepito. ¡Déjame que te dé un abrazo! 

ELENA, (con mucho mimo y fingiendo resistir se deja abrazar.; He dicho que 
no quiero, que no qui....e....ro, ¡ea! 

Pepito. Pues ya te lo di. 

Elena. A la fuerza. Ya se vé. 



— 24 — 

Pepito. Dame tú otro, que te quiero mucho. 

Elena, (con mucho mimo é imperio.) ¿Me obedecerás siempre, Pepito? 

Pepito. Siempre. 

Elena. ¿No me darás más disgustos, Pepito? 

Pepito. No; te lo juro. 

Elena. No debía dártelo. (Abrazándole.) ¡Ay, qué peso se me ha 
quitado del corazón! No podía con él. (se levanta.) 

Pepito. (Levantándose con alegría.) Ni yo tampoco. Elena de mi vida, 
¡ya somos felices, pero muy felices! (con pena.) ¡Ay! ¿qué 
vamos á comer hoy? 

Elena. Qué se yo. 

Pepito. La verdad es que tengo un hambre.... 

Elena. Como no le pidas á tu papá el duro de mañana adelan- 
tado.... 

Pepito. Eso no puede ser, le disgustaría más de lo que está, 
(pausa.) ¡Ah! tengo una idea. 

Elena. ¿Cuál, Pepito? 

Pepito. Empeñaré el reloj. 

Elena. ¡Ay, qué vergüenza! 

Pepito. No: si ya conoce la casa: está acostumbrado á ello. Ha 
pasado allí muchos días y el de tu santo. Hoy no me im- 
porta decírtelo porque eres mi mujer. 

Elena. De modo que las cajitas de dulces que tú me llevabas...? 

Pepito. Sí; eran mi mismo reloj convertido en pastiliitas de cho- 
colate y bombones da crema. Esa presíidigitación la 
suele hacer todo el que no tiene dinero. Ya verás; hoy 
nos vamos á comer el remontoir convertido en unas chu- 
letas de ternera. Voy por él. (Mutis por la derecha.) 



ESCENA XI 
ELENA 

Elena, (con tristeza.) ¡Tener que empeñar el primer día de casa- 
dos! Y todo por mi culpa; porque £Í yo hubiese distri- 
buido bien el duro.... Pero yo no lo he podido remediar. 
¡Si yo no sabía lo que costaban las cosas! Juana nos iba 



— 25 — 

á sacar del apuro y yo la despedí. (Enojada consigo.) ¿Por 
qué? Porque la abrazó Pepito? Y ella, ¿qué culpa tiene? 
¡Qué mala soy! Sí: muy mala. ¡Pagar con una mala ac- 
ción un bien que nos hacía la muchacha! Yo no tengo 
perdón. Yo quiero que vuelva Juana; yo estoy arrepen- 
tida de lo que he hecho. (Acongojada.) Sí: mi proceder ha 
Sido injusto, muy injusto. (Figura llorar.) 

ESCENA XII 
ELENA y PEPITO por la puerta de la derecha, preparado para la calle. 

Pepito, (con un reloj en la mano.) Ea, en marcña. Miraré por última 
vez tu clara esfera: ¡las oncú; hora fatal para mí y de 
descanso para tí, querido reloj. A esta misma hora te he 
llevado algunas veces al mismo encierro; vamos. Hasta 
luego, Elenita. (se dirige hacia el foro.) 

Elena. (Acongojada.) ¡Pepito! 
Pepito, (volviéndose.) ¿Qué te pasa, mujer? 
Elena. ¡Perdóname, que he sido muy mala! 
Pepito. Si ya no me acuerdo de nada. 
Elena. Yo quiero que Juana vuelva. 

Pepito. ¿Sí? Pues échale un galgo; sabe Dios dónde estará. Ya 
eso no tiene remedio. Hasta después, (se dirige hacia el foro.) 
ELENA. (Apurada en extremo.) ¡Pepito! 

Pepito, (volviéndose repentinamente.) ¿Pero qué quieres? 

Elena, (casi llorando.) Que tengo mucha pena porque vas á empe- 
ñar el reloj. 

Pepito. Yo también tengo mucha, mucha hambre, y por eso lo 
llevo. Hasta después, (se va por la puerta del foro.) 

ELENA, (sigue detrás y se detiene en la misma.) No tardes mucho. ¿Con 
quién estará hablando? Sube otra vez la escalera. ¿Quién 
será: (se viene hacia el proscenio.) 

' ESCENA XIII 

ELENA, PEPITO y JUANA por el foro. 

Pepito. (Entrando.) Me alegro, me alegro que hayas venido. 
Juana. (Entrando.) Aunque ustedes me despidieron.,.. 

4 



- 26 — 

Elena, (con alegría.) ¡Juana! ¿Tú aquí? Ya no te marchas. Pepito: 
Juana se queda en la casa de ama de gobierno mientras 
yo aprendo. 

Pepito. Bueno, bueno, (a j ua na.) ¿Pero cómo has venido? 

Juana. Cuai. do salí de aquí, arrojada tan injustamente por la 
señora, se me ocurrió ir á casa de su mamá de usted, 
puesto que ella era la que me había colocado, y al con- 
tarle lo ocurrido me dijo que volviera á traer á ustedes 
este amero, (saca del bolsillo y entrega á Pepito dos duros.) 

Pepito, (con mucha alegría.) ¡Dos duros, Elena! 

Elena. Dámelos, (los va á coger.) 

Pepito. (Retirándose.) ¡Nó! que ya tenemos bastante aceite y cho- 
colate. 

Elena. No seas rencoroso. 

Pepito. Tómalos, pero prométeme no volver á comprar esas cosas. 

Elena. Te lo prometo. 

Juana. Y además me dio la señorita esta carta para usted. 
(á pepito.) 

Pepito. (Tomando la carta.) ¿Una carta de mi madre? 

Elena. ¿A ver lo que dice? (Leyendo.) "Queridísimos hijos: Juana 
„acaba de noticiarme lo ocurrido; es una buena mucha- 
„cha.... ;; ¡Sí que es muy buena! 

Juana. Gracias, señorita. 

Elena. (Leyendo.) "Y les ruego no la dejéis marchar. Lleva ins- 
trucciones y dinero para ustedes, y en la seguridad de 
„que mañana obraréis de otro modo que hoy, sólo me 
„resta referirles un cuentecillo que, si siempre tenéis 
„pr6sente, les dará la felicidad,, 

Pepito. ¡Ay! ¿Qué cuento será ese? 

Elena. Escucha, Pepe. (Leyendo.) 



"Dos tiernos paj arillos, 
al primer vuelo, 

decidieron unirse 
con grande anhelo. 

Cogieron los incautos 
hojas y flores 



— 27 — 

y con ellas formaron 

nido de amores. 
Una mañana, el viento 

furioso brama; 
las avecillas vuelan 

de rama en rama; 
la tormenta se acerca 

con su rugido 
y los pájaros buscan 

su alegre nido. 
Arrecia la avalancha 

tempestuosa, 
y el nido aquél, formado 

de bojas de rosa, 
desaparece presa 

de sus furores, 
y con él desparecen 

sus moradores. 
Asegurad vosotros 

con gran cuidado 
ese hogar prematuro 

que habéis formado. 
Que el amor lo afiance, 

pues con violencia 
mirad que lo combate 

la inexperiencia. 
No olvidéis el consejo; 

¡fuera rencillas! 
vosotros sois del cuento 

las avecillas.,, 

(Declamando.) ¡Ó los monigotes! 

Pepito. Es verdad. 

Elena. ¡Yo tengo muchas ganas de llorar! 

Pepito. ¡Y yo también! 

Elena. ¡Pero no puedo! 

Pepito. ¡Ni yo tampoco! 

Elena. Abrázame, Pepito, abrázame. 



_ 28 - 
Pepito. Sí, Elena; abracémonos, que de este modo aseguramos 

el nido, (se abrazan.) 

Y de hoy más nunca alborotes. 
Elena. Pepe, ¡qué he de alborotar! 

Yo quiero á todos probar 
que no somos monigotes. 



TELÓN. 



Al Sr^ D. Francisco Flores García 

&>ezía un tnazato ai no -meterá púvnco aue zl/. 
apaaztná este luauete í>aza su representación en et 
(Deatzo -¿¿ara. cfavor aue ot'empze ie aaradecerá su 
amiao 

i. a 



A: los Artistas de Lara 

(St ía cariñosa u admizavde intezpzetactón aue 
ustedes nict'ezon de esta ovzita, deví ico aputuóos con 
aue fué acoaida poz ez cuito púvtico aue asistió á óu 
estzeno. (botos aptauses, poz vuelto ¿atento conseaui- 
dos u de ion aue sin motivo participé, éueron toa 
pzimeros aue reviví dezpúvvico madrideño. Cazadas, 
amiaos míos, z/Cunca os ofvidazá 



DEL MISMO AUTOR 



LOS GEMELOS, juguete cómico en un acto y en prosa. 

A SOLAS CON TODO EL MUNDO, monólogo cómico 
en prosa. 

LOS CARCAMALES, juguete cómico en un acto y en prosa. 



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